Declaraciones del padre y bombero en el caso de Coralys, la madre que mató a sus dos hijos

Declaración del padre, Yariel Rodríguez:

Al regresar por la noche a su hogar, hizo un bulto para irse a dormir a casa de sus padres, y Coralys le dijo que no iba a volver a ver a los nenes, mientras los menores lloraban y le pedían a él que los cogiera, dijo lloroso el testigo.

“Ilang lloraba y me decía que se quería ir conmigo. Yeriel me hacía con las manos que lo cogiera. Fui a darle un beso en la cabeza y Coralys me dijo que no me iba a despedir”, relato Rodríguez Resto, con voz entrecortada.

Dijo que Coralys le dió un puño en el ojo derecho y él le advirtió: “Te vas a joder, te voy a denunciar, te voy a quitar los nenes”.

Él tomó el bulto y se fue, mientras ella lo seguía hasta afuera “como una loca, en brasier”. Dijo que la vió tomar el trimmer de gasolina y lo entró a la casa. El siguió hasta casa de sus papas con la intención de ir al cuartel de la Policía en Trujillo Alto.

Sonó el teléfono de casa de sus padres y les informaron que Coralys había prendido la casa en fuego con los nenes adentro.

Rodríguez Resto llamó al 9-1-1 e informó de la discusión que tuvieron, que ella le había dado y le instruyeron a ir al cuartel.

Llamó a la abuela de Coralys, quien vive al lado de la casa de Saint Just, y “me dijo desesperada y llorando que Coralys se volvió loca, apuñaló a los nenes y mi nene tiene todas las tripas por fuera”.

“Papi, los mató, los mató, los mató”, gritó Rodríguez

Resto desesperado a su padre en el auto.

Llegaron al cuartel y pedía que le dejaran ver a los nenes. Lo dejaron en el cuartel hasta las 3:00 de la mañana.

Cuando finalmente llegó a la casa en Saint Just, “había una mancha de sangre en la escalera, el piso lleno de sangre en la sala, al l

ado del corral del nene, el tanque del trimmer abierto, la cuna quemada, la cuna de la nena con mancha de sangre y la marca de sangre de sus manos y pies en la pared, un canto de carnecita encima de la cama…”

Luego fue a identificar el cuerpecito de su bebé, que había cumplido un año tres días antes.

Declaración del bombero que llegó a la escena, José Figueroa

Con voz temblorosa y evitando mirar directamente a la imputada, Figueroa relató que a eso de las 9:45 de la noche del 10 de agosto recibieron una llamada del 9-1-1 sobre un fuego en Saint Just.

Al llegar a la carretera PR-848, observó a dos mujeres haciendo señas con las manos para que se detuvieran.
Una de ellas era Coralys, quien le dijo a Yeriel “salva a mi hijo, sálvalo”.

Figueroa indicó que el pequeño estaba en pijama y pañales, con la ropa mojada.

“Notó que su pecho estaba abultado. Cuando le levantó su ropa, tenía las viceras expuestas. El nene estaba mirándome ansioso, quejándose de dolor”, describió Figueroa.

Colocó gasas y vendaje para “aguantárselas”. En eso Coralys le dice que quería sentir al bebé, y le quitó el vendaje, por lo que el bombero la empujo.

“Le dije que el nene estaba vivo y se tranquilizo y se quedó atrás. Al yo empujarla, se lastimó su pierna derecha y se quejó de dolor y fue cuando vi que tenía las dos pies quemados”, relató Figueroa.

Colocó de nuevo el vendaje al niño, quien “me miraba fijo, asustado, ansioso, nervioso”. En un momentó le falto el aire y procedió a entubarlo junto con los paramédicos, que se lo llevaron en ambulancia.

Observó a su compañero bombero, Benjamín Gotía, quien atendía a la niña de cuatro años.

“La nena miraba fijo al bombero que la atendía y la nena decía ‘mamá, mamá'”, dijo Figueroa.


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